Me acuerdo de cuando era niño y los días tenían 24 horas y los años 365 días, ya no es así.
Ahora, las ediciones de eventos anuales, como la carrera 24Doce de San Agustín de Guadalix, cada vez me parece que están más próximas. Se nos amontonan las Navidades y las fiestas estivales, entre el frío enero y el sofocante julio apenas un suspiro. Y si a finales de junio seguimos con fuertes precipitaciones, las diferencias entre las estaciones parecen ser incluso menores.
Y es que no había pasado una semana desde las últimas lluvias soportadas en la Quebrantahuesos (19 de junio de 2010), más de cinco horas bajo el aguacero, con frío, cuando vimos claro que volveríamos a mojarnos en Madrid. Y tanto cayó durante la noche, que las 24Doce se quedaron en 15Doce o poco más.
El jueves anterior a la prueba habíamos podido comprobar como el terreno estaba del todo seco, en muy buenas condiciones. Nos dimos ese día un par de vueltas y examinamos nuestras nuevas luces, un aspecto fundamental en estas pruebas, todo en orden.
El sábado llegamos a las 9 de la mañana, aparcamos nuestro vehículo junto al de nuestros compañeros de equipo, unos verdaderos ángeles (Ángel M., Ángel F. y Angie). Ya estábamos allí otra vez, parecía que apenas hubiesen pasado unas semanas, pero ya somos un año más “viejos” y esto, me temo, empieza a notarse. A ver si hacen ya una categoría 4 mixta para veteranos, así creo que salimos en la foto del pódium
Montamos el chiringuito y a por los dorsales, ¡qué ilusión!
El terreno ya no estaba como el jueves anterior, durante la noche había caído una buena tormenta que lo había dejado mucho más blandito, pero bien, sin problemas. A las 12 se dio la salida.
Esta vez las estrategias estaban claras, que para eso teníamos ya experiencia en este mismo circuito. Para empezar, sólo una vuelta cada uno, a buen ritmo, que hacía demasiado calor a esa hora para estar más tiempo en el circuito. Vaya tela, una cosa es buen ritmo y otra cosa es hacer las vueltas como si fuese una prueba de Open (carreras de una hora y pico para un master 40). De seguir así, petaría, seguro. En la segunda vuelta hasta noté un pequeño pinchazo en un gemelo por acelerar a tope, queriendo recuperar lo perdido en el sendero del final por el tráfico, y es que no tenía ningún sentido tratar de adelantar allí a tres o cuatro ciclistas, imposible.
En uno de los giros tuvimos una contrariedad que nos hizo perder una vuelta, el velcro del chip nos estaba dando problemas y, finalmente Ángel M. lo perdió. Alguien lo llevo a meta, pusimos una cinta que agarraba mejor y listo.
Nuestra chica, Angie, toda bondad, estaba dispuesta a dar las mismas vueltas que el resto. Nada de hacer cálculos, es una más, es rápida y más joven que el resto del equipo
Llegó la noche y empezamos a dar vueltas sin problemas, las luces funcionaban a la perfección. Eso sí, para 2011 me hago unas gafas graduadas, porque en la segunda vuelta me estaba “comiendo” alguna que otra piedra, porque que ya no veía igual. Incluso me dio por probar si el terreno estaba blandito y caí casi parado por el elevado tráfico, sin consecuencias apreciables.
No llevábamos ni la mitad de la prueba y las piernas ya no estaban como debían a esas alturas, tendría que haber mirado más el pulsómetro, pero es que el ansia y la emoción nos pueden, no tenemos remedio.
Las horas aquí tampoco son de 60 minutos, creo yo; entre que te duchas, comes, revisas la máquina y comentas la jugada con unos y otros, te llega el momento de volver a salir al ruedo.
Casi de repente notamos un airecillo que empezó a mosquearnos, “al final se cumplirán las previsiones”, y así fue. Poco después de la una de la madrugada la tormenta llegó de pleno, tocó recoger el campamento y refugiarse en los vehículos, ¿cómo lo estaría pasando nuestro compañero? Me tocaba el relevo, pero entonces ya llovía muy fuerte. Ángel M. no aparecía, bajé a buscarle en compañía del otro Ángel, ¡qué lujo, rodeado de ángeles todo el tiempo!, pensando que la zona de relevos estaría desierta, pero no, allí quedaban bajo una carpa unos pocos valientes dispuestos a enfrentarse, en buena disposición, a todos los elementos, con tal de defender la posición.
Llegó por fin Ángel, pobre, por si no tenía la cosa complicada, además había perdido una lentilla y las había pasado canutas, pero sin perder la sonrisa, ¡qué carácter! Nos volvimos todos a los vehículos.
Finalmente se neutralizo la prueba, como a las cuatro, en principio dos horas. A dormir un poco.
A las 6 me vestí y me puse el chip del equipo y el chubasquero, aunque apenas caía ya alguna gota. De camino a la salida vi que no había ningún movimiento, la cosa parecía que no iba a continuar, el terreno había quedado en muy malas condiciones, y la gente ya tampoco parecía tener muchas ganas de arrancar tras este parón, lógico, casi todos habíamos saciado nuestros instintos pedaleadores, no necesitábamos mucho más.
A algunos les perjudicaría la suspensión, ya que la organización seguramente no pensó que fuese a ocurrir esto y no salió perfecta la cosa. Habrá que dedicarle más pensamientos a esta posibilidad para posteriores ediciones.
A las 7 de la mañana, nos tomamos un buen desayuno en el restaurante, nos echamos unas risas más con otros muchos colegas y de vuelta a recoger el campamento. ¡La cantidad de cosas que necesitamos para dar unas cuantas pedaladas!
Se adelantó, finalmente, la ceremonia de premios de las 24 horas (los de 12 se hicieron ya al terminar esas categorías). Una pena que no se haya hecho entrega de los correspondientes al Campeonato de Madrid, por la ausencia de los representantes a esta hora, algunos amigos se han quedado, por el momento, sin la foto del pódium. Esperamos que le pongan remedio al asunto.
Solo quedaba recoger y despedirse de todos.
Lo dicho, pasó todo volando otra vez. Y cuando nos queramos dar cuenta estaremos en San Agustín en tan buena compañía, con anteriores y nuevos amigos y con tan buen rollo. No faltéis, y a prepararse desde ya, que eso también forma parte de esta fiesta.





